domingo, 30 de junio de 2013

ES USTED UN TURISTA O UN PEREGRINO

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber dónde iba. Por la fe habitó como extranjero (peregrino) en la tierra prometida, como tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob; coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Hebreos 11: 8-10

La biblia califica con el nombre de PEREGRINO, a una persona que va de largo, que es un extranjero, un desconocido. Una persona que no se detiene porque su patria está en otra parte. El peregrino, no es un turista; el turista se ocupa de disfrutar de las fiestas, de los lugares que visita, de la inversión de su dinero, de su descanso y de los goces de este mundo.

El peregrino no se detiene, el turista si, en cada cosa que le llama su atención, en cada vitrina, en cada exhibidor. En cambio el peregrino, tiene puesta su mirada en la oferta de Dios. Los turistas están interesados cada día, en lo que sucede en el mundo a su alrededor. Recordemos que el mundo pasa y sus deseos, más el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre. Si esto es así, entonces; ¿para qué deleitarse en lo que se ha de acabar? ¿Para qué seguir siendo turistas?

¿Peregrino o turista?

Todo augura a que en los próximos días, miles de jóvenes de las más diversa culturas, condición social, edad y nacionalidad van a tomar dirección a Rio de Janeiro. Se anuncia, pues, una saturación en las sendas, mayor incomodidad en los alojamientos y esperas en restaurantes y fondas. Unido a la satisfacción de la consolidación de la ruta, la preocupación se centra ahora en que el espíritu de cordialidad, generosidad y encuentro prime sobre cualquier otra cosa. Y son muchas las voces críticas que llaman la atención sobre una cuestión sin resolver: ¿cuánto de turista tiene, o mejor dicho, debe tener un peregrino?


"El turista exige, el peregrino agradece"

La peregrinación es un acto tradicionalmente religioso, aunque tanto en su historia como en la actualidad, el componente cultural está extraordinariamente presente. Sin embargo, si se atiende a lo dicho por sus protagonistas, los propios peregrinos, la búsqueda de la espiritualidad y el encuentro con uno mismo son determinantes. El peregrino no es un paseante, un viajero, un ciclista ni, por supuesto, un turista que opta por una posibilidad barata -aunque incómoda- de pasar unos días de vacaciones. Por lo tanto, se espera que su comportamiento sea lo más alejado a un cliente que demanda una atención. La solidaridad, la auto-superación y la generosidad son valores esenciales, en armonía con el arte, la naturaleza y las gentes que se llegan a conocer.

 
 Dios los bendiga.

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