Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al
lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber dónde iba. Por la
fe habitó como extranjero (peregrino) en la tierra prometida, como tierra
ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob; coherederos de la misma promesa;
porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor
es Dios. Hebreos 11: 8-10
La biblia califica con el nombre de PEREGRINO, a una persona
que va de largo, que es un extranjero, un desconocido. Una persona que no se
detiene porque su patria está en otra parte. El peregrino, no es un turista; el
turista se ocupa de disfrutar de las fiestas, de los lugares que visita, de la
inversión de su dinero, de su descanso y de los goces de este mundo.
El peregrino no se detiene, el turista si, en cada cosa que
le llama su atención, en cada vitrina, en cada exhibidor. En cambio el
peregrino, tiene puesta su mirada en la oferta de Dios. Los turistas están
interesados cada día, en lo que sucede en el mundo a su alrededor. Recordemos que
el mundo pasa y sus deseos, más el que hace la voluntad de Dios, permanece para
siempre. Si esto es así, entonces; ¿para qué deleitarse en lo que se ha de
acabar? ¿Para qué seguir siendo turistas?
¿Peregrino o turista?
Todo augura a que en los próximos días, miles de jóvenes de
las más diversa culturas, condición social, edad y nacionalidad van a tomar
dirección a Rio de Janeiro. Se anuncia, pues, una saturación en las sendas,
mayor incomodidad en los alojamientos y esperas en restaurantes y fondas. Unido
a la satisfacción de la consolidación de la ruta, la preocupación se centra
ahora en que el espíritu de cordialidad, generosidad y encuentro prime sobre
cualquier otra cosa. Y son muchas las voces críticas que llaman la atención
sobre una cuestión sin resolver: ¿cuánto de turista tiene, o mejor dicho, debe
tener un peregrino?
"El turista exige, el peregrino agradece"
La peregrinación es un acto tradicionalmente religioso,
aunque tanto en su historia como en la actualidad, el componente cultural está
extraordinariamente presente. Sin embargo, si se atiende a lo dicho por sus
protagonistas, los propios peregrinos, la búsqueda de la espiritualidad y el
encuentro con uno mismo son determinantes. El peregrino no es un paseante, un
viajero, un ciclista ni, por supuesto, un turista que opta por una posibilidad
barata -aunque incómoda- de pasar unos días de vacaciones. Por lo tanto, se
espera que su comportamiento sea lo más alejado a un cliente que demanda una
atención. La solidaridad, la auto-superación y la generosidad son valores
esenciales, en armonía con el arte, la naturaleza y las gentes que se llegan a
conocer. Dios los bendiga.

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